
Superviviente suena a heroísmo. Es una mujer que consigue pasar con éxito de una situación que pone en peligro su vida.
Para mí es una palabra tan triste... siento que nunca he vivido. Más bien he sobrevivido como un árbol que en vez de sembrarlo en el campo, se le planta en la ciudad, entre cemento, sin espacio para sus raíces, sin suficiente luz ni aire fresco.
La superviviente limita sus necesidades, se acostumbra cada vez menos, es como una mala fotocopia de la vida.
Todas las personas necesitamos nuestra relación de amor, algo así como tres platos de amor diarios, pero una superviviente se conforma con varias cucharadas y si necesitamos algunos litros de cuidados y afectos, tú con un vaso tienes bastante. De ocho horas de sueño protector, te limitas a dormir a ratos y con pesadillas de abandono.
La superviviente tiene sus mecanismos de defensa, por ejemplo, una especie de anestesia general del sentimiento que te hace desconectarte de tu sufrimiento enterrándolo para que te permita seguir. Tal es la introversión, que parece que estás viendo una película donde te alejas de los sucesos y no te involucras afectivamente. Esta humillante supervivencia te impide crecer, mantiene atrofiadas la alegría, el gozo de sentir las pequeñas y grandes cosas que logramos y que logran los demás. No eres capaz de ver que el destino al que te han forzado no es el tuyo. Te desprecias y te odias porque eres incapaz de darte el amor que mereces y llegas a creer que nadie podrá dártelo. Te acostumbras a sobrevivir y ya no sabes vivir, la rutina y la pasividad te impiden ver el camino. Un bosque de dolor, desengaño y falta de confianza se cierra ante tí cubriéndolo todo.
Para escaparte de esa situación, te imaginas que alguien en algún lugar está gozando del cielo, de las estrellas, que disfuta viendo cualquier paisaje sereno y lleno de esperanzas, mientras tú te hundes en un pozo de mierda.
La pasividad se engendra en la falta de esperanzas, en no creer que algo pueda cambiar, en sentir que así ha sido y será siempre. Al menos para tí es la rendición, la inmovilidad. Así, sin poder ver lo bueno, según va pasando el tiempo, vas incluyendo en tu particular museo de los horrores más dolor y desengaño, o sea, más motivos para creer que todo irá a peor.
A veces, con una explosión de lucidez entiendes que el paraíso también está al alcance de tu mano, pero ¿cómo lograr llegar allí? ¿cómo encontrar un sitio en el que nunca has estado antes y no crees que exista? Fantaseas con VIVIR, imaginas los olores, colores, sensaciones, sentimientos de los... vivientes, pero resulta tan difícil alejarte y aventurarte a lo desconocido... que prefieres quedarte con lo que conoces: tu casa, tu refugio, aunque éste sea un lugar tétrico, oscuro y agobiante.
Ahora mi intención ya no es la de juzgar, sino comprender y, partiendo de la comprensión, cambiar. Quiero llenarme de alegría y esperanza para poder germinar, renacer y experimentar el don de la vida con pasión; ser una buscadora de esperanzas y poder transmitir mi alegría. Espero hacerlo sabiendo que no todo es bello, ni lo cubre un manto rosa, sino reconociendo lo bueno y sacando provecho de lo aprendido: Floreciendo y ayudando a florecer.
La alegría no convence, contagia. Toda la alegría, esperanza, pasión, etc... que creía inexistente o muerta en mí, estaba ahí, esperando a que yo le diera salida, como está en cada una de nosotras, a falta de ejercicio, atrofiada por no haberla usado. Es cierto que cuesta trabajo y esfuerzo y se encuentra oposición de dentro y de fuera, pero no tiene porqué ser un camino solitario y además el premio es grandioso: ENCONTRARTE A TÍ MISMA, ¡No quiero continuar suspendida en el vacío! Quiero sentir, pisar firme, salpicar... y mojarme.
El aislamiento me ha alejado de la gente, pero también de mí misma. No conocía a los demás, pero tampoco me conocía a mí. Quiero crear cimientos sólidos, raíces arraigadas, un lugar al que volver, un verdadero refugio donde guardar y guardarme; PODER SER YO, quererme y permitir que me quieran. Estar en el mundo entre la gente, compartiendo y no ser sólo una observadora.
A veces me gusta imaginar que soy una larva dentro de un capullo preparándome para salir al mundo, la misma pero a la vez renovada, con un nuevo yo, reforzada, centrada, desarrollada como persona... Y LO CONSEGUIRÉ
Asociación de mujeres para la salud (AMSALUD) Revista "La Boletina"
1 comentario:
Este es un tema muy serio y una realidad de nuestros dias.
No me imagino estar en una situacion asi.
Animo a todo el mundo que haya pasado por algo asi.
Y aunque esto no es tuyo,queda bien en tu blog.
En fin,no me gusta ver de lo que un hombre es capaz de hacer sentir a alguien que en "teoria" ama.
En fin,podria pasarme horas escribiendo sobre el tema,pero el deber me llama(el curro vamos).
Lo dicho,animo y esperanza,nunca perderla...
Y un beso para mi cielo,gracias por compartir estos escritos con nosotros.
Todo esto enriquece tu blog y demuestra lo especial que eres.
Felicidades cielo
sigue asi
Gaby
Publicar un comentario